
En Washington ya se ha comenzado a cuestionar el uso de sistemas automatizados para imponer multas a los ciudadanos. Legisladores federales han abierto el debate sobre la transparencia, la legalidad y el verdadero propósito de estas tecnologías.
La pregunta es inevitable:
si el Congreso de Estados Unidos considera necesario revisar estos sistemas, ¿por qué en Miami-Dade nadie lo está haciendo?
En el condado de Miami-Dade, miles de conductores reciben multas cada año a través de cámaras instaladas en intersecciones y zonas específicas. Estas cámaras, justificadas como herramientas de seguridad vial, operan en muchos casos bajo esquemas automatizados donde el ciudadano prácticamente no tiene margen de defensa real antes de recibir una sanción.
El problema no es la seguridad.
El problema es cuando la seguridad se convierte en un negocio.
Durante años, ciudadanos han expresado dudas legítimas:
- ¿Cuánto dinero generan estas cámaras?
- ¿Quién administra esos fondos?
- ¿Qué porcentaje termina en manos de empresas privadas?
- ¿Existe una auditoría pública real y transparente?
Estas preguntas siguen sin respuestas claras.
En comunidades como el Distrito 28, donde muchas familias dependen de su vehículo para trabajar —ya sea en construcción, servicios, entrega de paquetes o transporte— estas multas no son un detalle menor. Son un golpe directo al bolsillo de trabajadores que ya enfrentan el alto costo de vida.
No se trata de eliminar la seguridad vial.
Se trata de garantizar que las herramientas utilizadas no se conviertan en mecanismos de recaudación disfrazados.
Como candidato al Congreso, creo firmemente que este tema merece atención seria y responsable. Si a nivel federal se están revisando estos sistemas, entonces es momento de que en Miami-Dade se haga lo mismo.
Por eso, propongo tres acciones concretas:
- Auditoría independiente del sistema de cámaras en el condado
- Transparencia total sobre ingresos y contratos
- Evaluación real de su impacto en la seguridad vial
La confianza del ciudadano no se impone con multas automáticas.
Se construye con transparencia, justicia y responsabilidad.
Miami-Dade no puede quedarse atrás en un debate que ya está ocurriendo a nivel nacional.
Es momento de hacer las preguntas correctas.
Y más importante aún, de exigir respuestas.
Pastor Herrera Macuran
Horizonte Cubano