Cuando el pasado desaparece: mi servicio militar en Cuba y el silencio de los archivos


Por Pastor Herrera Macuran – Fundador de Horizonte Cubano News


Entre 1984 y 1987 cumplí mi servicio militar en Cuba, en la Unidad 2721 del Ejército Occidental, como parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Como miles de jóvenes de mi generación, pasé por entrenamientos, maniobras militares y ejercicios en zonas como el polígono de tiro de Pinar del Río.

Aquellos años no fueron abstractos ni simbólicos. Fueron reales. Estuvieron marcados por disciplina, exigencia física, estructuras rígidas de mando y, en mi caso personal, incluso por una sanción de ocho meses en prisión militar en Ganuza. Son experiencias que forman parte de una etapa concreta de mi vida, como la de tantos cubanos que pasaron por el servicio militar obligatorio en esa época.

Durante ese período, la unidad se encontraba bajo el mando del entonces coronel Álvaro López Miera, con quien tuve la oportunidad de intercambiar en varias ocasiones dentro de la estructura militar de la época.

Sin embargo, décadas después, al intentar reconstruir esa historia, me encontré con algo inquietante: no hay registros accesibles.

Busqué en archivos digitales, en referencias históricas, en publicaciones militares de la época. Intenté encontrar rastros de las actividades de mi unidad, menciones en periódicos militares, documentación sobre entrenamientos o incluso datos básicos que permitieran reconstruir el contexto. Nada. Todo parece haber desaparecido o, simplemente, nunca haber sido puesto al alcance público.

Esto no significa necesariamente que los documentos no existan. En Cuba, gran parte de la información militar ha sido históricamente centralizada, archivada físicamente y restringida.

Pero el resultado práctico es el mismo: para quien busca hoy, esa historia no está.

Y ahí surge una pregunta inevitable

:¿qué ocurre cuando una parte de la vida de miles de personas no deja rastro accesible en la historia oficial?

El problema no es solo personal. No se trata únicamente de mi experiencia en una unidad militar específica. Se trata de un patrón más amplio en el que la memoria individual no forma parte de la memoria pública. Donde los archivos no están disponibles, las publicaciones no se conservan de forma abierta y los detalles de la vida cotidiana dentro de estructuras como las Fuerzas Armadas quedan fuera del alcance de futuras generaciones.

En ese contexto, la historia termina dependiendo de algo más frágil, pero también más poderoso: la memoria de quienes la vivieron.

No se puede borrar lo vivido, pero sí se puede dificultar su reconstrucción.

Por eso escribir esto no es un ejercicio de nostalgia. Es un acto de constancia.

Porque aunque los documentos no aparezcan, aunque los archivos no estén disponibles y aunque el sistema nunca haya tenido interés en preservar estas historias a nivel público, esa etapa existió. Fue real. Y forma parte de la historia de una generación de cubanos.

Contarla es, en sí mismo, una forma de preservarla.


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