Categoría: Opinión

  • ¿Quién le pide perdón a los presos políticos en Cuba?

    Hay preguntas que incomodan.

    Preguntas que no aparecen en los discursos oficiales.

    Preguntas que muchos prefieren evitar.

    Pero hay una que Cuba tendrá que enfrentar, tarde o temprano:

    ¿Quién le pide perdón a los presos políticos?

    Una deuda que no se puede ocultar

    Durante décadas, en Cuba ha existido una realidad que el poder se ha negado a reconocer:

    hombres y mujeres encarcelados por pensar diferente

    ciudadanos castigados por expresar ideas

    personas que perdieron años de su vida por razones políticas

    El Estado nunca los llamó presos políticos.

    Los llamó delincuentes, contrarrevolucionarios, enemigos.

    Pero la historia no se escribe con etiquetas oficiales.

    Se escribe con la verdad.

    El silencio como política

    En los sistemas autoritarios, el silencio no es casual.

    Es una estrategia.

    No se reconoce el error.

    No se admite la injusticia.

    No se pide perdón.

    Porque hacerlo implicaría aceptar algo que el poder no está dispuesto a aceptar:

    que se cometieron abusos contra su propio pueblo.

    La pregunta personal que se vuelve nacional

    Para muchos cubanos, esto no es un debate abstracto.

    Es una experiencia vivida.

    Años de prisión.

    Familias separadas.

    Vidas marcadas para siempre.

    Y entonces surge una pregunta directa, humana, imposible de ignorar:

    ¿Quién me devuelve ese tiempo?

    ¿Quién reconoce que fue injusto?

    ¿Quién me pide perdón?

    El día después también importa

    Hablar de cambio en Cuba no puede limitarse a elecciones o reformas económicas.

    Hay una dimensión más profunda:

     la justicia moral

    En cualquier transición real, el país tendrá que enfrentar su pasado.

    Eso significa:

    reconocer oficialmente a los presos políticos

    admitir que hubo persecución por razones ideológicas

    dar voz a las víctimas

    y sí, pedir perdón

    No como un gesto simbólico vacío,

    sino como un acto de responsabilidad nacional.

    Sin verdad no hay reconciliación

    Un país no se reconstruye ignorando sus heridas.

    El perdón no borra el pasado.

    Pero el silencio lo perpetúa.

    Sin reconocimiento:

    no hay confianza

    no hay legitimidad

    no hay reconciliación real

    No es venganza, es dignidad

    Exigir un perdón no es buscar revancha.

    Es exigir respeto.

    Es afirmar que lo que ocurrió fue injusto

    y que no debe repetirse.

    Es devolverle a las víctimas algo que nunca debieron perder:

    su dignidad.

    Conclusión

    El día que Cuba inicie un verdadero proceso de cambio,

    no bastará con hablar de futuro.

    Habrá que mirar al pasado.

    Habrá que escuchar a quienes sufrieron.

    Y habrá que decir, sin rodeos:

    Fue injusto.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • Senator Graham: Cuba Is Not a War Spectacle for Television

    Category: Opinion
    Author: Pastor Herrera Macuran
    Title: Founder of Horizonte Cubano

    Recent comments by U.S. Senator Lindsey Graham suggesting that the United States should consider military action against Cuba reveal a troubling level of irresponsibility in the discussion of one of the most sensitive issues in the Western Hemisphere.


    Talking about war from a television studio may generate headlines.
    But war is not a talking point, and Cuba is not a geopolitical spectacle for political commentary.


    For more than six decades, the situation in Cuba has been complex, painful, and deeply rooted in history.

    The Cuban people have endured dictatorship, economic hardship, and political repression. What they do not need is foreign political rhetoric that treats their country as a stage for dramatic statements.


    Military confrontation is not a strategy.
    It is a last resort with unpredictable and often devastating consequences.


    A war with Cuba would not be a theoretical debate on television. It would bring instability to the Caribbean, affect millions of Cuban families, and directly impact the Cuban-American community in the United States.


    Ironically, reckless talk of war often benefits the very regime it claims to oppose. For decades, the government in Havana has relied on the narrative of an external threat to justify internal repression and consolidate political control.


    Every time American politicians casually mention military action, they reinforce that narrative.


    The real challenge for policymakers in Washington is not how to threaten Cuba, but how to support the Cuban people in their legitimate aspirations for freedom, dignity, and economic opportunity.


    Serious policy requires strategic thinking, diplomacy, and a long-term vision that distinguishes clearly between the Cuban regime and the Cuban people.


    The future of Cuba will not be decided by inflammatory remarks on television.


    It will ultimately be decided by the Cuban people themselves.

    Pastor Herrera Macuran
    Founder
    Horizonte Cubano

  • Guerra con Cuba: la irresponsabilidad de hablar desde un estudio de televisión

    En días recientes, el senador estadounidense Lindsey Graham sugirió en televisión que Estados Unidos debería considerar una guerra contra Cuba. Sus palabras, pronunciadas con una ligereza preocupante, reflejan una visión simplista y peligrosa de un problema complejo que afecta a millones de personas.


    Hablar de guerra desde un estudio de televisión es fácil.
    Las consecuencias, sin embargo, no se discuten con la misma facilidad.


    Una guerra con Cuba no sería una operación abstracta ni un ejercicio retórico. Significaría inevitablemente sufrimiento para el pueblo cubano, para las familias cubano-americanas y para la estabilidad de toda la región del Caribe.


    Durante más de seis décadas, la política hacia Cuba ha demostrado una realidad clara: los problemas políticos no se resuelven con consignas ni con amenazas militares improvisadas.


    La dictadura cubana ha sobrevivido precisamente alimentándose de ese tipo de narrativa: la idea de una amenaza externa permanente. Cada vez que desde Washington se habla de guerra, el régimen en La Habana lo utiliza como justificación para reforzar su control interno.


    Por eso, plantear una guerra contra Cuba no solo es irresponsable.
    También es estratégicamente torpe.


    La verdadera cuestión que debería discutirse en Washington no es cómo invadir Cuba, sino cómo apoyar efectivamente al pueblo cubano en su aspiración de libertad, prosperidad y dignidad.


    Estados Unidos tiene herramientas mucho más poderosas que la retórica militar:


    presión diplomática inteligente
    apoyo a la sociedad civil
    defensa de los derechos humanos
    una estrategia coherente hacia una transición democrática


    La libertad de Cuba no se construirá con discursos incendiarios en televisión.


    Se construirá con visión estratégica, responsabilidad política y respeto por el pueblo cubano.


    Los cubanos no necesitan que nadie proponga una guerra en su nombre.


    Lo que necesitan es que se les permita, finalmente, decidir su propio destino.


    Pastor Herrera Macuran
    Fundador
    Horizonte Cubano