Por Pastor Herrera Macuran
Fundador – Horizonte Cubano News
En 2012, recibí una invitación oficial para participar en el I Encuentro Nacional de Cubanos Residentes en Estados Unidos. La invitación llegó después de un proceso de verificación en la entonces Sección de Intereses de Cuba en Washington.
Días después, fue retirada.
La explicación fue simple: “problemas de espacio”.
Pero la realidad era otra.
El control no está en el diálogo, está en quién puede hablar
Aquel episodio no fue un hecho aislado ni un malentendido administrativo. Fue una señal clara de cómo funciona el sistema político cubano incluso cuando habla de apertura.
El mensaje implícito era evidente:
no todos los cubanos pueden participar, incluso cuando el espacio se presenta como inclusivo.
La participación no depende de la ciudadanía, ni del interés en el país, ni siquiera de la experiencia o el compromiso. Depende de algo mucho más determinante: la aprobación política.
Un patrón que se repite
Más de una década después, Cuba vuelve a hablar de apertura hacia los cubanos en el exterior.
Se mencionan inversiones, participación económica, nuevas oportunidades. Se intenta construir la imagen de un país que reconoce el papel de su emigración.
Pero la pregunta sigue siendo la misma:
¿Quién decide quién puede participar?
Porque la historia reciente demuestra que el problema nunca ha sido la falta de diálogo, sino el control del mismo.
Más allá de la experiencia personal
Lo ocurrido en 2012 no es relevante por ser una experiencia individual. Es relevante porque refleja un patrón estructural.
Un sistema que convoca, pero selecciona.
Que invita, pero condiciona.
Que habla de inclusión, pero define los límites de esa inclusión.
Ese modelo no ha cambiado en su esencia.
El desafío actual
Hoy, cuando se habla nuevamente de integrar a los cubanos en el exterior en la economía nacional, el reto no es solo económico.
Es político.
No se trata únicamente de permitir inversión o participación empresarial. Se trata de definir si existe una verdadera voluntad de aceptar diversidad de pensamiento, independencia y participación sin condiciones.
Sin eso, cualquier apertura será parcial.
Y, como en el pasado, controlada.
Conclusión
Cuba no necesita más encuentros, ni más anuncios de apertura. Necesita reglas claras, transparencia y, sobre todo, confianza.
Pero la confianza no se decreta.
Se construye.
Y para construirla, primero hay que dejar de decidir quién tiene derecho a participar.
Horizonte Cubano News
Análisis serio para el futuro de Cuba y el hemisferio.
Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.