
El debate sobre la esclavitud y sus consecuencias ha regresado al centro de la política internacional.
Ghana ha impulsado ante las Naciones Unidas una resolución que busca declarar la trata transatlántica de africanos como “el crimen más grave contra la humanidad”. La iniciativa cuenta con el respaldo de la Unión Africana y de varios países del Caribe, marcando un momento clave en la discusión global sobre memoria histórica, justicia y reparaciones.
Pero este no es solo un debate sobre el pasado.
Es, sobre todo, un debate sobre el presente y el futuro.
Durante más de tres siglos, millones de africanos fueron víctimas de un sistema que no fue accidental, sino estructurado: legalizado por Estados, sostenido por intereses económicos y justificado en muchos casos por narrativas ideológicas de la época.
Hoy, el planteamiento de Ghana va más allá del reconocimiento simbólico. Se trata de una reclamación jurídica, con implicaciones potenciales en el derecho internacional, que podría abrir la puerta a demandas de reparación, compensación y responsabilidad histórica.
Sin embargo, el debate no está exento de tensiones.
Países como Estados Unidos y varias naciones europeas han mostrado reservas frente a la resolución, en parte por las implicaciones legales y económicas que podría generar. El tema de las reparaciones —que algunos estudios sitúan en cifras de enorme magnitud— introduce un elemento complejo en las relaciones internacionales.
Más allá de la votación en la ONU, lo que está en juego es algo mayor:
¿Debe el sistema internacional reconocer formalmente los crímenes históricos como base para un nuevo equilibrio global?
¿O debe prevalecer una visión más pragmática que evite abrir procesos jurídicos de largo alcance?
Este debate también revela un cambio importante en la dinámica global.
El llamado “Sur Global” está articulando con más fuerza posiciones comunes, impulsando temas que durante décadas fueron relegados o tratados de forma marginal en los foros internacionales.
Y en ese contexto, el hemisferio occidental no está aislado.
Para Estados Unidos, América Latina y el Caribe —incluida la comunidad cubana en el exterior— estos debates tienen implicaciones políticas, económicas y sociales que van más allá de África.
Porque al final, la discusión no es solo sobre el pasado.
Es sobre qué tipo de orden internacional se quiere construir en el futuro.
Pastor Herrera Macuran
Horizonte Cubano
“Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”