
Cada cierto tiempo el régimen cubano repite el mismo discurso: afirma que desea mantener una relación con la comunidad cubana en el exterior.
Sin embargo, la realidad demuestra algo muy distinto.
Las autoridades en La Habana escogen cuidadosamente a sus interlocutores, privilegiando únicamente a aquellos que son políticamente afines o que no cuestionan la estructura del poder en la isla.
Mientras tanto, propuestas serias realizadas por ciudadanos cubanos en el exterior que no comparten la ideología oficial simplemente desaparecen.
Muchas de ellas terminan archivadas o ignoradas en las gavetas de la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular, sin discusión pública ni transparencia.
Este comportamiento revela que el problema nunca ha sido la falta de propuestas.
El problema es la falta de voluntad política para escuchar a todos los cubanos.
Una relación real con la diáspora requeriría algo mucho más simple y democrático:
Reconocer que la nación cubana es plural y que ningún gobierno tiene el derecho de decidir quién puede o no puede participar en el futuro del país.
Mientras ese principio no sea aceptado, cualquier intento de diálogo seguirá siendo percibido como lo que muchos cubanos ya consideran: un ejercicio de control político, no un verdadero proceso de inclusión nacional.
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Pastor Herrera Macurán
Fundador, Horizonte Cubano