El diálogo que el régimen controla:Cuba habla con Estados Unidos mientras ignora a su propia diáspora.

Pastor Herrera Macuran

Horizonte Cubano


Mientras la crisis económica continúa agravándose en la isla, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha afirmado nuevamente que existen conversaciones con Estados Unidos.


La noticia, presentada por el régimen como un gesto diplomático relevante, plantea una pregunta inevitable: ¿con quién está realmente dispuesto a dialogar el poder en Cuba?


Durante décadas, el gobierno cubano ha utilizado la narrativa del “diálogo” como instrumento político. Cuando la crisis se profundiza o la presión internacional aumenta, el discurso oficial reaparece: contactos, intercambios o conversaciones con Washington.


Sin embargo, ese mismo gobierno que habla de diálogo internacional mantiene cerradas las puertas al diálogo nacional.


Miles de cubanos en el exterior han presentado propuestas económicas, políticas y sociales para el futuro del país. Muchas de esas iniciativas han sido enviadas a instituciones oficiales, incluyendo la Asamblea Nacional. La mayoría simplemente desaparece en el silencio burocrático del sistema.


No hay debate público.


No hay respuesta institucional.


No hay reconocimiento.


El problema no es la ausencia de propuestas. El problema es que el régimen decide quién puede hablar y quién no.


El patrón se repite una y otra vez: La Habana selecciona cuidadosamente a los interlocutores que considera aceptables, generalmente aquellos que no cuestionan las bases del sistema político.

Mientras tanto, se excluye a voces independientes de la sociedad civil, a intelectuales críticos, a empresarios de la diáspora y a ciudadanos que simplemente piensan diferente.


El resultado es un diálogo cuidadosamente administrado, donde el gobierno controla tanto las preguntas como las respuestas.


La paradoja es evidente: un sistema que afirma querer conversar con una potencia extranjera, pero que continúa negándose a escuchar a millones de cubanos fuera de la isla.


La diáspora cubana representa hoy uno de los mayores capitales económicos, profesionales y humanos que el país podría tener para su reconstrucción futura. Ignorar esa realidad no solo es un error político; es también una renuncia deliberada al potencial de la nación.


Por eso, cada vez que el régimen habla de “diálogo”, la pregunta esencial sigue siendo la misma:


¿Diálogo con quién?


Mientras esa respuesta siga dependiendo exclusivamente del poder político en La Habana, el concepto de diálogo seguirá siendo más una herramienta de propaganda que una verdadera apertura.

Pastor Herrera Macuran

Horizonte Cubano