¿Indemnización para extranjeros y olvido para los cubanos?

En medio de cualquier discusión seria sobre el futuro de Cuba, hay un tema que inevitablemente regresa a la mesa:

-la indemnización por las propiedades confiscadas después de 1959.

Durante décadas, se ha hablado —y se seguirá hablando— de las reclamaciones de ciudadanos y empresas estadounidenses. Es un asunto documentado, estructurado y reconocido internacionalmente.

Pero hay una pregunta que incomoda, y que muchos prefieren evitar:

¿Qué va a pasar con los cubanos que también lo perdieron todo?

Una deuda histórica selectiva

Tras la revolución, el Estado cubano no solo expropió propiedades extranjeras.

También confiscó:

-viviendas familiares

-pequeños negocios

-fincas

-industrias nacionales

-ahorros de toda una vida

Miles de cubanos quedaron sin nada.

Sin embargo, a diferencia de los reclamantes extranjeros, esos ciudadanos no tuvieron:

-un proceso internacional de reconocimiento

-un mecanismo formal de certificación

-ni una estructura para reclamar compensación

El resultado es una deuda histórica… pero tratada de forma desigual.

El precedente que preocupa

Las reclamaciones estadounidenses fueron certificadas por la

Foreign Claims Settlement Commission,

lo que les da un peso jurídico y político que inevitablemente influirá en cualquier negociación futura entre Cuba y Estados Unidos.

Eso crea un riesgo claro:

que el tema de la indemnización comience y avance por los extranjeros

mientras los cubanos quedan relegados a un segundo plano.

El error que podría costar la legitimidad

Un proceso de transición en Cuba no puede construirse sobre una injusticia nueva.

Si se llega a un acuerdo donde:

se indemniza primero a extranjeros

y los ciudadanos cubanos quedan esperando

no estaríamos hablando de reconciliación,

estaríamos hablando de una nueva fractura nacional.

Porque la pregunta sería inevitable:

¿Cómo se justifica que el cubano, que perdió su país, sea el último en ser reparado?

La realidad incómoda: no hay dinero suficiente

Hay que decirlo sin rodeos:

Cuba no tiene la capacidad económica para pagar todas las reclamaciones de inmediato.

Eso obliga a pensar en soluciones realistas, como:

-compensaciones a largo plazo

-bonos o instrumentos financieros

-restituciones parciales cuando sea posible

-participación en futuros proyectos económicos

Pero la limitación económica no puede convertirse en excusa para la desigualdad.

Un principio que no puede romperse

Cualquier solución seria debe partir de una base clara:

 la justicia no puede depender de la nacionalidad

Si dos personas perdieron sus propiedades bajo el mismo proceso,

ambas deben tener derecho a algún tipo de reparación.

Sin ese principio, no hay legitimidad.

Y sin legitimidad, no hay estabilidad.

Más que dinero: se trata de nación

Este no es solo un debate económico.

Es un tema de:

dignidad nacional

confianza en el futuro

reconstrucción del tejido social

Un país que no resuelve sus injusticias internas

no puede aspirar a construir una democracia sólida.

Conclusión

Cuba enfrentará decisiones difíciles en su proceso de cambio.

Pero hay errores que no se pueden permitir.

Indemnizar a los de afuera mientras se olvida a los de adentro

no sería una solución.

Sería el inicio de un nuevo problema.

Pastor Herrera Macuran

Horizonte Cubano

“Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”