Durante años, el discurso oficial ha repetido una afirmación constante:
en Cuba no existen presos políticos.
Según esa narrativa, todas las personas privadas de libertad han cometido delitos comunes, y cualquier otra interpretación responde a intereses externos o manipulaciones.
Pero esa afirmación plantea una pregunta inevitable:
si no hay presos políticos, entonces ¿cómo se explican ciertos casos concretos?
El argumento oficial y sus contradicciones
El gobierno cubano insiste en que su sistema judicial actúa con independencia y apego a la ley.
Sin embargo, al mismo tiempo:
Se castiga la crítica pública
Se limita la participación política independiente
Se sanciona a quienes expresan desacuerdo
La contradicción es evidente.
Porque cuando una persona enfrenta consecuencias legales o presiones por su postura, su voz o su actividad, el problema deja de ser jurídico y pasa a ser político.
Un caso que no encaja en la narrativa
En mi caso, como en el de muchos otros, la situación no puede explicarse simplemente como un asunto común.
No se trata de violencia.
No se trata de delitos tradicionales.
Se trata de:
posiciones
opiniones
participación
visibilidad
Y de las consecuencias que eso puede generar en determinados contextos.
No es necesario exagerar ni dramatizar.
Basta con observar un hecho simple:
cuando la reacción del sistema no es proporcional a una acción común, hay algo más detrás.
¿Qué define realmente a un preso político?
De acuerdo con estándares internacionales y organizaciones como Amnesty International, una persona puede ser considerada presa política cuando:
Existe motivación política en su proceso
Se utiliza el sistema legal para castigar o disuadir
Se busca enviar un mensaje más allá del caso individual
No se trata solo de grandes figuras históricas.
A menudo se intenta reducir este concepto comparándolo con casos emblemáticos como Nelson Mandela.
Pero la realidad es otra:
no todos los presos políticos tienen que ser Nelson Mandela para ser reales.
El problema de negar lo evidente
Negar la existencia de presos políticos no elimina la realidad.
Solo la oculta.
Y cuando se oculta una realidad, se pierde la oportunidad de debatirla, corregirla y avanzar.
Porque el problema no es solo jurídico.
Es un problema de confianza, de legitimidad y de futuro.
Más allá de un caso individual
Este no es un planteamiento personal aislado.
Es una reflexión sobre un patrón que se repite:
cuando las ideas, las opiniones o la participación generan consecuencias desproporcionadas, el sistema deja de ser neutral.
Y cuando el sistema deja de ser neutral, el debate se vuelve inevitable.
Conclusión: la pregunta sigue abierta
El discurso oficial puede mantenerse.
Las declaraciones pueden repetirse.
Pero las preguntas siguen ahí.
Y son simples:
Si no existen presos políticos,
si todo responde a delitos comunes,
si el sistema funciona con total imparcialidad…
¿cómo se explican estos casos?
Pastor Herrera Macurán
Fundador – Horizonte Cubano News
“Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”