Por Pastor Herrera Macurán
Fundador y Editor de Horizonte Cubano News
Uno de los mayores desafíos que enfrentará Cuba en cualquier proceso de transformación económica será atraer inversiones suficientes para reconstruir su infraestructura, modernizar su industria, aumentar la producción y generar empleos de calidad.
La pregunta no es si el país necesita inversión.
La verdadera pregunta es cómo atraerla sin comprometer la soberanía nacional.
Durante décadas, muchos países han demostrado que es posible recibir capital extranjero y, al mismo tiempo, mantener el control sobre sus decisiones fundamentales. La clave no reside únicamente en la cantidad de dinero que ingresa al país, sino en las reglas bajo las cuales se realizan esas inversiones.
La inversión no debe verse como una amenaza
Con frecuencia se presenta una falsa disyuntiva: abrir la economía o defender la soberanía.
En realidad, ambas pueden ser compatibles.
La inversión extranjera puede aportar capital, tecnología, acceso a nuevos mercados, capacitación de trabajadores y mejores prácticas de gestión. Todo ello puede contribuir al crecimiento económico si existe un marco jurídico claro y estable.
La seguridad jurídica es indispensable
Ningún inversionista serio destina recursos a un país donde las reglas cambian constantemente o donde no existe confianza en el cumplimiento de los contratos.
Un sistema legal transparente, tribunales independientes y procedimientos administrativos previsibles benefician tanto al inversionista como al Estado y a los ciudadanos.
La seguridad jurídica no favorece únicamente a las empresas extranjeras.
También protege al empresario cubano.
Sectores estratégicos
Todo Estado tiene derecho a definir qué sectores considera estratégicos para su seguridad nacional.
Infraestructuras críticas, defensa, recursos naturales esenciales y determinados servicios públicos pueden estar sujetos a regulaciones especiales o a mecanismos de control público.
La apertura económica no significa renunciar a la capacidad del Estado para proteger los intereses nacionales.
Priorizar las inversiones productivas
Cuba necesita inversiones que aumenten la capacidad productiva del país.
La agricultura, la industria manufacturera, la energía, el turismo, la logística, las telecomunicaciones y el transporte pueden convertirse en motores del crecimiento si cuentan con reglas claras y estabilidad.
Cada inversión debería evaluarse no solo por el capital que aporta, sino también por el empleo que genera, la tecnología que incorpora y el impacto positivo que produce en la economía nacional.
La diáspora también puede invertir
Millones de cubanos residen fuera de la isla.
Muchos conservan vínculos familiares, culturales y económicos con su país de origen.
Crear condiciones legales que permitan la participación de la diáspora en proyectos productivos podría representar una fuente importante de capital, experiencia empresarial y conocimiento internacional.
Transparencia y competencia
Toda inversión debe desarrollarse bajo procedimientos transparentes.
La igualdad de oportunidades, la competencia leal y la supervisión institucional fortalecen la confianza de los inversionistas y reducen los riesgos de corrupción.
El crecimiento económico sostenible requiere instituciones fuertes y reglas aplicables a todos por igual.
Mirar hacia el futuro
Cuba necesitará inversión para reconstruir carreteras, puertos, ferrocarriles, sistemas eléctricos, viviendas, hospitales, escuelas e industrias.
Ese esfuerzo exigirá recursos que difícilmente podrán obtenerse únicamente con el ahorro interno.
La verdadera discusión no consiste en decidir entre inversión o soberanía.
Consiste en diseñar un modelo donde ambas se fortalezcan mutuamente.
Porque un país soberano no es aquel que rechaza toda inversión extranjera.
Es aquel que posee instituciones capaces de establecer las reglas, hacerlas cumplir y garantizar que el desarrollo económico beneficie, en primer lugar, a su propio pueblo.