Cuba una república tutelada que Washington no dejará caer en el caos total.

Pastor Herrera Macuran

Horizonte Cubano


Durante décadas, muchos han intentado explicar la relación entre Cuba y Estados Unidos únicamente a través del conflicto político entre Washington y el régimen instaurado en La Habana en 1959.

Sin embargo, esa explicación es incompleta. Existe un elemento jurídico e histórico mucho más profundo que sigue influyendo en la realidad de la isla: la relación formal establecida entre ambos países a través del Tratado de Relaciones Cuba‑Estados Unidos de 1934.


Ese tratado, que sustituyó formalmente al marco anterior derivado de la Enmienda Platt, estableció las bases de la relación bilateral moderna entre Estados Unidos y Cuba.

Aunque el mundo ha cambiado enormemente desde entonces, el tratado nunca fue derogado. De hecho, permanece vigente jurídicamente, algo que se refleja en un hecho concreto e innegable: la continuidad del arrendamiento de la Base Naval de Guantánamo.


Este detalle no es menor. Significa que, desde el punto de vista del derecho internacional, la relación entre ambos Estados nunca desapareció completamente, incluso después de la ruptura política ocurrida tras la llegada al poder de Fidel Castro en 1959.

Mas allá del discurso político


Durante años, tanto el régimen cubano como algunos sectores del debate internacional han presentado la relación entre ambos países como una confrontación total y absoluta. Pero la realidad es más compleja.


Estados Unidos ha mantenido históricamente una política contradictoria hacia Cuba: presión política por un lado, pero contención estratégica por el otro. Washington nunca ha permitido que el colapso del Estado cubano se convierta en un desastre regional.


La razón es sencilla: el caos total en Cuba tendría consecuencias directas para la seguridad nacional de Estados Unidos.


Entre ellas:


Migración masiva descontrolada hacia Florida.


Expansión del crimen organizado en el Caribe.


Vacíos de poder que podrían ser aprovechados por actores hostiles.


Crisis humanitaria a solo 90 millas de territorio estadounidense.


Por esa razón, aunque públicamente critique al régimen, Washington tampoco permite que la isla caiga en una situación de colapso absoluto.


La realidad estratégica


Cuba funciona hoy, en la práctica, como una república tutelada de facto. No en el sentido colonial del pasado, sino en un marco estratégico donde la estabilidad mínima de la isla sigue siendo un interés directo para Estados Unidos.


Esto explica por qué, a lo largo de décadas de confrontación, Washington ha evitado medidas que pudieran provocar un colapso inmediato del Estado cubano.


El objetivo nunca ha sido destruir el país, sino presionar por cambios políticos sin provocar un vacío de poder peligroso en el Caribe.


Una discusión que debe abrirse


La crisis económica profunda que atraviesa Cuba hoy obliga a replantear muchas ideas establecidas durante la Guerra Fría.


La pregunta central no es simplemente si el régimen puede sobrevivir o no. La verdadera cuestión es cuál será el marco jurídico y político que regirá la transición futura del país.
Y en ese debate, ignorar la continuidad histórica del Tratado de 1934 y de la relación jurídica entre ambos Estados sería un error.


La historia, el derecho internacional y la geopolítica indican que el destino de Cuba nunca ha sido completamente independiente de la realidad estratégica de Estados Unidos.


Comprender esa verdad es esencial para cualquier discusión seria sobre el futuro de la isla.



Pastor Herrera Macurán
Fundador – Horizonte Cubano