Existe un acuerdo vigente entre ambos países que podría cambiar la forma en que se diseñan las sanciones, las relaciones diplomáticas y las decisiones legales sobre la isla.
Mientras en Washington se discuten sanciones, migración y política hacia Cuba, hay un elemento fundamental que permanece prácticamente ausente del debate público: el Tratado de Relaciones entre Cuba y Estados Unidos de 1934.
No es un documento simbólico.
No es historia olvidada.
Es un instrumento jurídico vigente.
Y, sin embargo, nadie quiere hablar de él.
Un tratado que sigue en vigor
El tratado de 1934 no fue derogado tras 1959.
No fue reemplazado por ningún otro acuerdo bilateral integral.
Y, más importante aún, establece una base clara de relación jurídica entre ambos Estados.
Ese detalle cambia completamente el análisis.
Porque si el tratado sigue vigente, entonces:
existe una relación jurídica activa entre Estados Unidos y la República de Cuba
hay obligaciones que no pueden ignorarse por conveniencia política
y cualquier política hacia la isla debería considerar ese marco legal
Pero eso no está ocurriendo.
El silencio en Washington
Ni el Departamento de Estado, ni el Congreso, ni las comisiones de relaciones exteriores han incorporado seriamente el tratado en el debate actual.
Esto no parece casual.
Reconocer la vigencia del tratado implicaría aceptar algo incómodo:
– que la relación entre ambos países no es solo política…
– es también jurídica
Y eso limita el margen de acción discrecional.
Aquí es donde entra una pregunta clave:
¿Por qué evitar ese debate?
Más que política: una cuestión legal
Durante décadas, la política hacia Cuba se ha movido entre dos extremos:
aislamiento total
intentos de apertura
Pero en ambos casos, el enfoque ha sido político, no jurídico.
El tratado de 1934 introduce una variable distinta:
– obliga a repensar la relación desde el derecho internacional
– abre espacio para cuestionar decisiones ejecutivas
– y puede convertirse en base para acciones legales
No es teoría. Es estructura legal.
La omisión tiene consecuencias
Ignorar el tratado no lo hace desaparecer.
Pero sí genera un problema:
-políticas diseñadas sin considerar obligaciones jurídicas
-decisiones que pueden ser impugnadas
-y una falta de coherencia estratégica en la relación bilateral
Esto afecta tanto a gobiernos… como a ciudadanos.
Especialmente a aquellos con vínculos familiares, económicos o legales entre ambos países.
El momento de abrir el debate
La realidad es clara:
El Tratado de 1934 existe.
Sigue en vigor.
Y tiene implicaciones reales.
El problema no es su falta de relevancia.
El problema es el silencio.
Abrir este debate no es un acto político.
Es un acto de responsabilidad.
Porque no se puede construir una política seria hacia Cuba ignorando la base legal que aún define esa relación.
Pastor Herrera Macuran
Editorial – Horizonte Cubano
Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.