Opinión y Análisis | Horizonte Cubano News
Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra altos funcionarios y entidades vinculadas al aparato militar cubano. Entre las personas alcanzadas se encuentran figuras de las Fuerzas Armadas, mientras varias empresas relacionadas con la adquisición, reparación y mantenimiento de equipamiento militar fueron incorporadas a las listas de sanciones estadounidenses.
Conviene comenzar haciendo una distinción fundamental.
Sancionar a un funcionario por actos concretos, perseguir operaciones relacionadas con adquisición de armamento o exigir responsabilidad por violaciones graves de derechos humanos es una cosa.
Crear condiciones económicas que terminen dejando a una familia sin electricidad, agua, transporte, alimentos o medicamentos es otra completamente diferente.
Y esa diferencia debe estar en el centro de cualquier política seria hacia Cuba.
Quien sea responsable debe responder
No defendemos la impunidad.
Si existen pruebas de que determinados funcionarios participaron en torturas, ejecuciones, corrupción, represión ilegal u otros delitos graves, deben existir mecanismos jurídicos para exigir responsabilidades.
Del mismo modo, Estados Unidos tiene derecho a proteger su seguridad nacional y controlar operaciones que involucren tecnología o equipamiento militar sujeto a sus leyes.
Las sanciones individuales pueden formar parte de esas herramientas.
Pero existe una pregunta que Washington también debería hacerse:
¿Cuál es exactamente el objetivo final de su política hacia Cuba?
Porque sancionar sin definir una salida política corre el riesgo de convertirse simplemente en sancionar indefinidamente.
¿Quién recibe realmente el golpe?
Cuando falta combustible en Cuba, el automóvil de un general puede quedarse sin gasolina.
Pero también se queda sin combustible una ambulancia.
Puede detenerse un vehículo gubernamental.
Pero también puede detenerse un autobús que transporta trabajadores.
Puede sufrir una empresa estatal.
Pero también sufre el campesino que necesita diésel para producir alimentos.
Y cuando una central eléctrica no dispone de combustible suficiente, la electricidad no pregunta quién es comunista y quién es opositor antes de apagarse.
Se apaga para todos.
El hospital queda sin electricidad.
La bomba de agua deja de funcionar.
El refrigerador deja de conservar alimentos.
La pequeña empresa cierra.
Y una familia vuelve a pasar otra noche a oscuras.
Entonces debemos preguntarnos:
¿a quién estamos sancionando realmente?
El gobierno cubano también tiene responsabilidades
Nada de esto elimina la enorme responsabilidad de las autoridades cubanas por la situación económica del país.
Durante décadas, una burocracia excesiva, decisiones económicas equivocadas, falta de competencia, restricciones a la propiedad privada, insuficiente inversión y ausencia de libertades económicas han contribuido al deterioro nacional.
Cuba necesita reformas profundas.
Necesita liberar las fuerzas productivas.
Necesita permitir que agricultores produzcan y comercialicen con mayor libertad.
Necesita facilitar el crecimiento de pequeñas y medianas empresas.
Necesita atraer capital.
Necesita seguridad jurídica.
Y necesita transparencia.
Ser críticos con las sanciones estadounidenses no significa absolver al gobierno cubano de sus propios errores.
Podemos sostener ambas posiciones al mismo tiempo.
La energía no debería convertirse en un arma contra una población
Aquí debemos establecer una línea clara.
La energía destinada a mantener hospitales, sistemas de agua potable, transporte público, producción de alimentos y servicios civiles esenciales debería quedar protegida mediante mecanismos humanitarios verificables.
Eso no significa entregar dinero sin condiciones al Estado cubano.
Existen alternativas.
Las operaciones pueden someterse a auditorías.
Los proveedores pueden recibir pagos directamente.
El combustible puede destinarse contractualmente a determinados sectores civiles.
Organismos internacionales pueden participar en mecanismos de supervisión.
La tecnología permite controlar mucho mejor las cadenas de suministro de lo que era posible hace décadas.
Si existe voluntad política, pueden diseñarse mecanismos para ayudar a la población sin financiar actividades militares.
Sanciones inteligentes, no sufrimiento colectivo
Estados Unidos debería concentrar su presión donde puede resultar más efectiva.
Sanciones individuales contra responsables de violaciones graves.
Restricciones específicas contra operaciones militares que representen una preocupación legítima de seguridad.
Investigaciones financieras contra corrupción y lavado de dinero cuando existan pruebas.
Restricciones sobre determinados bienes militares o tecnologías sensibles.
Pero paralelamente deberían ampliarse y protegerse los canales para alimentos, medicamentos, energía civil, telecomunicaciones, emprendimiento privado y asistencia humanitaria.
La política debería ser sencilla:
máxima presión sobre quienes sean responsables de abusos; máxima protección para la población civil.
Abrir espacio al sector privado cubano
Existe además otra herramienta que Washington podría desarrollar.
En lugar de intentar aislar económicamente a toda Cuba, Estados Unidos podría facilitar mucho más las operaciones legítimas con empresarios privados cubanos.
Permitir mecanismos bancarios transparentes.
Facilitar pagos legales.
Favorecer importaciones de equipos destinados a negocios privados.
Apoyar agricultura independiente.
Permitir herramientas tecnológicas.
Facilitar comunicaciones.
Crear oportunidades para que un cubano pueda prosperar económicamente sin depender completamente del Estado.
Una sociedad con ciudadanos económicamente independientes posee también ciudadanos con mayor capacidad para ejercer independencia política.
Habrá que negociar algún día
Después de más de seis décadas de enfrentamiento, existe una realidad incómoda para ambos lados.
Estados Unidos y Cuba tendrán que hablar.
No necesariamente mañana.
No necesariamente bajo las condiciones actuales.
Pero algún día tendrán que hacerlo.
Existen reclamaciones de propiedades confiscadas.
Existen deudas.
Existen cuestiones migratorias.
Existen problemas de seguridad regional.
Existen intereses comerciales.
Existen familias divididas.
Y existen diferencias políticas profundas.
Ninguno de esos problemas desaparecerá mediante comunicados de prensa.
Tendrán que negociarse.
Negociar no significa rendirse.
Ronald Reagan negoció con la Unión Soviética.
Gobiernos enfrentados alrededor del mundo negocian precisamente porque tienen diferencias.
La diplomacia no existe para hablar solamente con nuestros amigos.
Existe principalmente para hablar con quienes tenemos problemas.
Cuba necesita cambios; Estados Unidos necesita estrategia
El gobierno cubano necesita comprender que no puede continuar administrando indefinidamente una economía incapaz de satisfacer necesidades fundamentales de su población.
Pero Washington también debería comprender que aumentar el sufrimiento económico no garantiza automáticamente una transición democrática.
Una política exterior responsable debe medir sus resultados, no solamente sus intenciones.
Después de más de sesenta años, existe una pregunta inevitable:
¿ha producido la política seguida hasta ahora los resultados que buscábamos?
Si la respuesta es no, reconsiderar la estrategia no constituye debilidad.
Constituye sentido común.
Nuestra posición
Desde Horizonte Cubano News defendemos algo que debería ser perfectamente compatible con los valores democráticos:
Responsabilidad sin venganza.
Presión política sin castigo colectivo.
Libertad económica sin oligarquías.
Ayuda humanitaria sin corrupción.
Negociación sin capitulación.
Democracia sin imposiciones.
Y soberanía sin aislamiento.
Cuba necesita transformaciones profundas.
Pero esas transformaciones deben mejorar la vida de los cubanos, no destruirla esperando que del sufrimiento nazca automáticamente una democracia.
Los gobiernos pasan.
Las ideologías cambian.
Los presidentes terminan sus mandatos.
Pero los pueblos permanecen.
Por eso, cuando diseñemos cualquier política hacia Cuba, deberíamos comenzar formulando una pregunta muy sencilla:
¿esto perjudica al gobierno responsable de aquello que queremos cambiar, o perjudica principalmente al cubano que mañana tendrá que levantarse, trabajar, alimentar a sus hijos y continuar viviendo en la isla?
La respuesta a esa pregunta debería ayudarnos a decidir cuál es el camino correcto
Fuentes oficiales consultadas:
Departamento de Estado de Estados Unidos: información oficial sobre las nuevas medidas relacionadas con Cuba
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