
La reciente entrevista de Miguel Díaz-Canel con la cadena NBC no dejó sorpresas para quienes realmente conocen la realidad cubana.
Y es importante decirlo claramente: Díaz-Canel no me decepcionó.
No porque haya hecho un buen trabajo, sino porque nunca ha sido el verdadero problema.
Durante años, gran parte de la prensa internacional ha insistido en analizar a Cuba como si se tratara de un sistema donde una figura individual concentra el poder real. Pero esa visión es superficial y equivocada.
El poder en Cuba no reside en un presidente.
El poder reside en el Partido Comunista de Cuba.
Es esa estructura —cerrada, vertical y sin rendición de cuentas— la que define el destino del país, independientemente de quién ocupe el cargo visible.
Por eso, entrevistas como la realizada por la periodista Kristen Welker terminan dejando una sensación de vacío. No porque falten preguntas, sino porque falta comprensión.
Cuando no se entiende dónde está realmente el poder, se termina interrogando a un vocero, no a un decisor.
Díaz-Canel no toma las decisiones fundamentales del país. Las ejecuta.
El problema de Cuba no cambia con nombres. Cambia con estructuras.
Y mientras el Partido Comunista mantenga el control absoluto, la realidad de la isla seguirá siendo la misma, sin importar cuántas entrevistas se concedan o cuántos discursos se pronuncien.
Cuba no necesita más análisis superficiales.
Necesita que el mundo entienda, de una vez, cómo funciona realmente su sistema de poder.
Pastor Herrera Maccuran
Horizonte Cubano – Análisis serio para el futuro de Cuba y el hemisferio.


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