Categoría: Cuba

  • Cuba insiste en culpar al exterior mientras la crisis interna se profundiza

    Entre apagones, escasez y discursos repetidos, el país enfrenta una realidad que ya no se puede ocultar

    En medio de una de las peores crisis económicas y energéticas de los últimos años, el gobierno cubano mantiene una narrativa constante: los problemas del país son consecuencia directa de factores externos.

    Pero cada día resulta más difícil sostener ese argumento.

    Una crisis que ya no es coyuntural

    Los apagones continúan afectando a gran parte del país.

    Las fallas en la generación eléctrica, la falta de combustible y el deterioro de la infraestructura han convertido lo que antes se presentaba como una situación temporal en un problema estructural.

    No es un evento aislado.
    Es una realidad sostenida.

    Y el impacto se siente en todos los niveles:

    • hogares sin electricidad por horas
    • negocios paralizados
    • alimentos que se pierden
    • una población cada vez más frustrada

    Economía en tensión… sin reformas reales

    Mientras tanto, el discurso oficial insiste en la necesidad de atraer inversión y divisas.

    Se habla de apertura.

    Se menciona al capital extranjero.

    Incluso se envían señales al exilio cubano.

    Pero en la práctica, no existen garantías claras, ni reformas profundas que generen confianza.

    Se busca dinero… sin cambiar las reglas del sistema.

    El argumento externo como justificación permanente

    La narrativa oficial continúa centrada en responsabilizar al embargo de Estados Unidos por la crisis.

    Sin embargo, esa explicación resulta cada vez menos suficiente frente a problemas internos evidentes:

    • ineficiencia estructural
    • falta de productividad
    • centralización excesiva
    • ausencia de incentivos económicos reales

    El problema ya no es solo externo.

    El problema es interno.

    El factor humano: una sociedad bajo presión

    Mientras el discurso político se mantiene, la realidad social se deteriora.

    • aumento del costo de vida
    • escasez de productos básicos
    • migración sostenida
    • pérdida de confianza en el futuro

    La desconexión entre el discurso oficial y la vida cotidiana es cada vez más evidente.

    Conclusión

    Culpar al exterior puede servir como herramienta política.

    Pero no resuelve la crisis.

    Porque mientras se insiste en mirar hacia afuera,
    los problemas dentro del país continúan creciendo.

    Y en algún momento, esa contradicción deja de ser sostenible.

    Pastor Herrera Macurán
    Horizonte Cubano News

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • Ghana lleva a la ONU un debate histórico: esclavitud, justicia y el nuevo orden global

    El debate sobre la esclavitud y sus consecuencias ha regresado al centro de la política internacional.

    Ghana ha impulsado ante las Naciones Unidas una resolución que busca declarar la trata transatlántica de africanos como “el crimen más grave contra la humanidad”. La iniciativa cuenta con el respaldo de la Unión Africana y de varios países del Caribe, marcando un momento clave en la discusión global sobre memoria histórica, justicia y reparaciones.

    Pero este no es solo un debate sobre el pasado.

    Es, sobre todo, un debate sobre el presente y el futuro.

    Durante más de tres siglos, millones de africanos fueron víctimas de un sistema que no fue accidental, sino estructurado: legalizado por Estados, sostenido por intereses económicos y justificado en muchos casos por narrativas ideológicas de la época.

    Hoy, el planteamiento de Ghana va más allá del reconocimiento simbólico. Se trata de una reclamación jurídica, con implicaciones potenciales en el derecho internacional, que podría abrir la puerta a demandas de reparación, compensación y responsabilidad histórica.

    Sin embargo, el debate no está exento de tensiones.

    Países como Estados Unidos y varias naciones europeas han mostrado reservas frente a la resolución, en parte por las implicaciones legales y económicas que podría generar. El tema de las reparaciones —que algunos estudios sitúan en cifras de enorme magnitud— introduce un elemento complejo en las relaciones internacionales.

    Más allá de la votación en la ONU, lo que está en juego es algo mayor:

    ¿Debe el sistema internacional reconocer formalmente los crímenes históricos como base para un nuevo equilibrio global?

    ¿O debe prevalecer una visión más pragmática que evite abrir procesos jurídicos de largo alcance?

    Este debate también revela un cambio importante en la dinámica global.

    El llamado “Sur Global” está articulando con más fuerza posiciones comunes, impulsando temas que durante décadas fueron relegados o tratados de forma marginal en los foros internacionales.

    Y en ese contexto, el hemisferio occidental no está aislado.

    Para Estados Unidos, América Latina y el Caribe —incluida la comunidad cubana en el exterior— estos debates tienen implicaciones políticas, económicas y sociales que van más allá de África.

    Porque al final, la discusión no es solo sobre el pasado.

    Es sobre qué tipo de orden internacional se quiere construir en el futuro.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • Congreso de EE.UU. busca frenar una posible acción militar en Cuba

    El debate sobre Cuba ha vuelto a entrar en una fase delicada en Washington.

    Una congresista demócrata ha presentado una iniciativa legislativa con el objetivo de impedir que el expresidente Donald Trump pueda autorizar una ofensiva militar contra Cuba sin la aprobación del Congreso. La propuesta se basa en la llamada Ley de Poderes de Guerra, un mecanismo diseñado precisamente para limitar acciones militares unilaterales del Ejecutivo.

    Más allá de la figura de Trump, el movimiento revela una preocupación más profunda dentro del sistema político estadounidense: el riesgo de escaladas militares sin consenso institucional.

    El hecho de que Cuba vuelva a aparecer en este tipo de escenarios refleja un cambio en el tono del debate político en Estados Unidos. Durante años, la discusión se centró en sanciones, embargo y relaciones diplomáticas. Hoy, sin embargo, comienzan a aparecer escenarios más sensibles que incluyen el uso potencial de la fuerza.

    La iniciativa, impulsada por la congresista Nydia Velázquez, también se inscribe en un contexto más amplio. En los últimos años, el Congreso ha intentado limitar acciones militares en otros escenarios como Venezuela o Irán, especialmente cuando no cuentan con autorización formal.

    Esto abre una pregunta clave:

    ¿Hasta qué punto el sistema político estadounidense está preparado para manejar tensiones internacionales sin recurrir a medidas extremas?

    Para la comunidad cubanoamericana, este tipo de debates no es abstracto. Tiene implicaciones directas en la estabilidad regional, la política exterior de Estados Unidos y el futuro de Cuba.

    Más allá de posiciones partidistas, lo que está en juego es la forma en que se toman decisiones críticas en materia de seguridad internacional.

    Porque en temas de guerra, el equilibrio entre poder ejecutivo y control legislativo no es solo un principio constitucional.

    Es una garantía de estabilidad.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • El verdadero riesgo para Cuba no es la intervención externa, es la falta de acuerdo interno

    Durante años, el debate sobre el futuro de Cuba ha estado dominado por una pregunta recurrente:

    ¿Debe Estados Unidos dialogar con el régimen cubano?

    Sin embargo, esa discusión, aunque importante, está desviando la atención del problema real.

    El mayor riesgo para Cuba hoy no es la política exterior de Estados Unidos.

    El verdadero peligro está dentro de la propia nación cubana:

    -la incapacidad de sus actores políticos y sociales para alcanzar un mínimo de acuerdo.

    Una nación dividida antes de la transición

    Cuba enfrenta una situación paradójica.

    Aún no ha ocurrido una transición política real, y sin embargo, ya existen múltiples visiones enfrentadas sobre cómo debe ser ese proceso:

    -Unos defienden la restauración de marcos constitucionales pasados.

    -Otros promueven modelos completamente nuevos.

    -Algunos apuestan por reformas graduales.

    -Otros exigen ruptura total e inmediata.

    El resultado es claro:

    no existe un consenso mínimo ni siquiera sobre las reglas del juego.

    La intransigencia en ambos lados

    Es un error reducir el problema a una sola parte.

    La realidad es más compleja:

    El régimen cubano ha demostrado históricamente una resistencia absoluta a ceder poder.

    Pero también, dentro del exilio y la oposición, existe una fragmentación profunda y, en muchos casos, una intransigencia que impide cualquier punto de encuentro.

    Cuando ninguna de las partes está dispuesta a ceder, el diálogo se vuelve imposible.

    Y cuando no hay diálogo, no hay transición ordenada.

    El riesgo real: del desacuerdo al conflicto

    La historia ha demostrado que las transiciones mal estructuradas pueden degenerar en escenarios peligrosos:

    -Vacíos de poder

    -Luchas internas por legitimidad

    -Radicalización de posiciones

    -Y en el peor de los casos, conflictos civiles

    Pensar que Cuba está inmune a ese riesgo sería una grave equivocación.

    Una nación sin reglas claras para su transición no camina hacia la democracia.

    Camina hacia el caos.

    El falso dilema: tutela o soberanía

    Ante este escenario, surge una idea peligrosa:

    que los cubanos no están en condiciones de gobernarse y que, por tanto, se requiere algún tipo de tutela externa.

    Ese planteamiento, aunque nace de una preocupación legítima, encierra serios riesgos:

    -Debilita la legitimidad nacional

    -Alimenta la narrativa del régimen sobre la “injerencia extranjera”

    -Y puede generar más división en lugar de resolverla

    Cuba no necesita ser dirigida desde afuera.

    Pero tampoco puede permitirse una transición sin estructura.

    La única salida viable: reglas, garantías y proceso

    La solución no está en imponer, sino en construir.

    Cuba necesita:

    Un marco claro de transición

    Reglas aceptadas, aunque no perfectas

    Garantías para todas las partes

    Y algún nivel de acompañamiento internacional que brinde confianza, no imposición

    No se trata de sustituir la voluntad del pueblo cubano,

    sino de evitar que la falta de acuerdos destruya la posibilidad de un futuro estable.

    Una verdad incómoda, pero necesaria

    El mayor obstáculo para el cambio en Cuba no es únicamente el régimen.

    Tampoco es exclusivamente la política de Estados Unidos.

    Es la incapacidad de los propios cubanos de ponerse de acuerdo en lo esencial.

    Reconocer esa realidad no es rendirse.

    Es el primer paso para evitar un error histórico.

    Conclusión

    Cuba no necesita más discursos extremos.

    Necesita madurez política.

    Porque si los cubanos no logran construir un mínimo de entendimiento,

    el problema no será quién gobierne.

    El problema será si el país logra mantenerse unido cuando llegue el momento del cambio.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • ¿Quién le pide perdón a los presos políticos en Cuba?

    Hay preguntas que incomodan.

    Preguntas que no aparecen en los discursos oficiales.

    Preguntas que muchos prefieren evitar.

    Pero hay una que Cuba tendrá que enfrentar, tarde o temprano:

    ¿Quién le pide perdón a los presos políticos?

    Una deuda que no se puede ocultar

    Durante décadas, en Cuba ha existido una realidad que el poder se ha negado a reconocer:

    hombres y mujeres encarcelados por pensar diferente

    ciudadanos castigados por expresar ideas

    personas que perdieron años de su vida por razones políticas

    El Estado nunca los llamó presos políticos.

    Los llamó delincuentes, contrarrevolucionarios, enemigos.

    Pero la historia no se escribe con etiquetas oficiales.

    Se escribe con la verdad.

    El silencio como política

    En los sistemas autoritarios, el silencio no es casual.

    Es una estrategia.

    No se reconoce el error.

    No se admite la injusticia.

    No se pide perdón.

    Porque hacerlo implicaría aceptar algo que el poder no está dispuesto a aceptar:

    que se cometieron abusos contra su propio pueblo.

    La pregunta personal que se vuelve nacional

    Para muchos cubanos, esto no es un debate abstracto.

    Es una experiencia vivida.

    Años de prisión.

    Familias separadas.

    Vidas marcadas para siempre.

    Y entonces surge una pregunta directa, humana, imposible de ignorar:

    ¿Quién me devuelve ese tiempo?

    ¿Quién reconoce que fue injusto?

    ¿Quién me pide perdón?

    El día después también importa

    Hablar de cambio en Cuba no puede limitarse a elecciones o reformas económicas.

    Hay una dimensión más profunda:

     la justicia moral

    En cualquier transición real, el país tendrá que enfrentar su pasado.

    Eso significa:

    reconocer oficialmente a los presos políticos

    admitir que hubo persecución por razones ideológicas

    dar voz a las víctimas

    y sí, pedir perdón

    No como un gesto simbólico vacío,

    sino como un acto de responsabilidad nacional.

    Sin verdad no hay reconciliación

    Un país no se reconstruye ignorando sus heridas.

    El perdón no borra el pasado.

    Pero el silencio lo perpetúa.

    Sin reconocimiento:

    no hay confianza

    no hay legitimidad

    no hay reconciliación real

    No es venganza, es dignidad

    Exigir un perdón no es buscar revancha.

    Es exigir respeto.

    Es afirmar que lo que ocurrió fue injusto

    y que no debe repetirse.

    Es devolverle a las víctimas algo que nunca debieron perder:

    su dignidad.

    Conclusión

    El día que Cuba inicie un verdadero proceso de cambio,

    no bastará con hablar de futuro.

    Habrá que mirar al pasado.

    Habrá que escuchar a quienes sufrieron.

    Y habrá que decir, sin rodeos:

    Fue injusto.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • ¿Indemnización para extranjeros y olvido para los cubanos?

    En medio de cualquier discusión seria sobre el futuro de Cuba, hay un tema que inevitablemente regresa a la mesa:

    -la indemnización por las propiedades confiscadas después de 1959.

    Durante décadas, se ha hablado —y se seguirá hablando— de las reclamaciones de ciudadanos y empresas estadounidenses. Es un asunto documentado, estructurado y reconocido internacionalmente.

    Pero hay una pregunta que incomoda, y que muchos prefieren evitar:

    ¿Qué va a pasar con los cubanos que también lo perdieron todo?

    Una deuda histórica selectiva

    Tras la revolución, el Estado cubano no solo expropió propiedades extranjeras.

    También confiscó:

    -viviendas familiares

    -pequeños negocios

    -fincas

    -industrias nacionales

    -ahorros de toda una vida

    Miles de cubanos quedaron sin nada.

    Sin embargo, a diferencia de los reclamantes extranjeros, esos ciudadanos no tuvieron:

    -un proceso internacional de reconocimiento

    -un mecanismo formal de certificación

    -ni una estructura para reclamar compensación

    El resultado es una deuda histórica… pero tratada de forma desigual.

    El precedente que preocupa

    Las reclamaciones estadounidenses fueron certificadas por la

    Foreign Claims Settlement Commission,

    lo que les da un peso jurídico y político que inevitablemente influirá en cualquier negociación futura entre Cuba y Estados Unidos.

    Eso crea un riesgo claro:

    que el tema de la indemnización comience y avance por los extranjeros

    mientras los cubanos quedan relegados a un segundo plano.

    El error que podría costar la legitimidad

    Un proceso de transición en Cuba no puede construirse sobre una injusticia nueva.

    Si se llega a un acuerdo donde:

    se indemniza primero a extranjeros

    y los ciudadanos cubanos quedan esperando

    no estaríamos hablando de reconciliación,

    estaríamos hablando de una nueva fractura nacional.

    Porque la pregunta sería inevitable:

    ¿Cómo se justifica que el cubano, que perdió su país, sea el último en ser reparado?

    La realidad incómoda: no hay dinero suficiente

    Hay que decirlo sin rodeos:

    Cuba no tiene la capacidad económica para pagar todas las reclamaciones de inmediato.

    Eso obliga a pensar en soluciones realistas, como:

    -compensaciones a largo plazo

    -bonos o instrumentos financieros

    -restituciones parciales cuando sea posible

    -participación en futuros proyectos económicos

    Pero la limitación económica no puede convertirse en excusa para la desigualdad.

    Un principio que no puede romperse

    Cualquier solución seria debe partir de una base clara:

     la justicia no puede depender de la nacionalidad

    Si dos personas perdieron sus propiedades bajo el mismo proceso,

    ambas deben tener derecho a algún tipo de reparación.

    Sin ese principio, no hay legitimidad.

    Y sin legitimidad, no hay estabilidad.

    Más que dinero: se trata de nación

    Este no es solo un debate económico.

    Es un tema de:

    dignidad nacional

    confianza en el futuro

    reconstrucción del tejido social

    Un país que no resuelve sus injusticias internas

    no puede aspirar a construir una democracia sólida.

    Conclusión

    Cuba enfrentará decisiones difíciles en su proceso de cambio.

    Pero hay errores que no se pueden permitir.

    Indemnizar a los de afuera mientras se olvida a los de adentro

    no sería una solución.

    Sería el inicio de un nuevo problema.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • Cuba no necesita más discursos: necesita decisiones.

    Cuba no necesita otro discurso.

    No necesita otra reunión.

    No necesita otra promesa.

    Cuba necesita decisiones.

    Durante más de seis décadas, el país ha sido administrado sobre la base de explicaciones, justificaciones y narrativas. Siempre hay una razón para no avanzar, siempre hay un argumento para posponer los cambios, siempre hay un enemigo al que culpar.

    Pero la realidad es más fuerte que cualquier discurso.

    Hoy, la isla enfrenta una de las peores crisis de su historia reciente:

    apagones constantes, escasez de alimentos, deterioro del transporte, colapso de servicios básicos y una emigración masiva que está vaciando al país de su fuerza productiva.

    Y ante esa realidad, la respuesta sigue siendo la misma: palabras.

    El problema de Cuba no es la falta de diagnósticos.

    El problema de Cuba es la falta de decisiones reales.

    Decisiones para abrir la economía de manera transparente.

    Decisiones para permitir la inversión sin miedo.

    Decisiones para devolverle a los ciudadanos la confianza en su propio país.

    Decisiones para dejar de controlar y comenzar a construir.

    Porque ningún país se levanta con discursos.

    Los países se levantan con medidas concretas.

    Mientras el mundo avanza, Cuba sigue atrapada en un modelo que ya no responde ni a las necesidades del presente ni a las exigencias del futuro.

    Y lo más preocupante no es la crisis.

    Lo más preocupante es la falta de voluntad para cambiarla.

    Cada día que pasa sin decisiones reales es un día más de atraso.

    Cada mes que pasa es una nueva ola de cubanos que se van.

    Cada año que pasa es una oportunidad perdida.

    Cuba no necesita más explicaciones.

    Necesita dirección.

    No necesita más promesas.

    Necesita resultados.

    Y sobre todo, necesita liderazgo.

    Porque al final, la historia no recordará los discursos.

    Recordará quién tuvo el valor de tomar decisiones.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano News

    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • ¿Puede Estados Unidos levantar el embargo sin cambios políticos en Cuba?


    Por Horizonte Cubano


    El debate sobre el embargo a Cuba ha regresado al centro de la discusión pública, impulsado por nuevas señales del régimen y por una realidad económica cada vez más insostenible en la isla.


    Sin embargo, hay una pregunta fundamental que pocas veces se responde con claridad:


    ¿Puede Estados Unidos levantar el embargo sin que haya cambios políticos en Cuba?


    La respuesta, desde el punto de vista legal y estratégico, es más compleja de lo que algunos quieren hacer creer.

    Un marco legal que va más allá de la economía
    El embargo no es simplemente una decisión administrativa que puede eliminarse con facilidad. Está codificado en leyes federales, particularmente en la Ley Helms-Burton, que establece condiciones específicas para su levantamiento.


    Entre ellas:


    Compensación por propiedades confiscadas


    Avances hacia un sistema democrático
    Elecciones libres y verificables


    Respeto a los derechos fundamentales


    Esto significa que el embargo no responde únicamente a una deuda económica, sino a la naturaleza política del sistema cubano.


    La narrativa que intenta imponer el régimen


    En los últimos tiempos, el gobierno cubano ha intentado replantear el problema como un conflicto puramente económico.


    La idea es simple:


    Si se resuelven las compensaciones y se alcanzan acuerdos financieros, entonces deberían levantarse las sanciones.


    Pero esa narrativa ignora deliberadamente el punto central:


    El conflicto entre Cuba y Estados Unidos no es solo económico, es político.

    Reducirlo a cifras es una estrategia.


    El riesgo de una solución incompleta


    Levantar el embargo sin exigir cambios políticos reales implicaría legitimar un sistema que no ha mostrado voluntad de reformarse.


    Sería, en la práctica:


    Un alivio económico para el régimen


    Sin garantías para el pueblo cubano


    Sin apertura democrática


    Sin derechos plenos


    La historia demuestra que los recursos económicos, en ausencia de reformas, tienden a fortalecer las estructuras de poder existentes.


    Una decisión que define el futuro


    Esto no es solo un debate técnico en Washington.


    Es una decisión que impacta directamente:


    El futuro político de Cuba


    La estabilidad regional


    La credibilidad de la política exterior de Estados Unidos


    Levantar el embargo sin condiciones sería enviar un mensaje claro:
    que los cambios políticos no son necesarios.


    Conclusión


    Estados Unidos puede modificar aspectos del embargo mediante decisiones ejecutivas. Pero levantarlo completamente, sin cambios políticos en Cuba, no solo es legalmente difícil, sino estratégicamente cuestionable.


    El problema nunca ha sido únicamente económico.


    Y la solución tampoco puede serlo.


    Porque al final, la verdadera pregunta no es si se puede levantar el embargo.


    La verdadera pregunta es:


    ¿A cambio de qué?

    Pastor Herrera Macuran
    Horizonte Cubano
    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • El regimen cubano quiere negociar dinero, no democracia


    Por Horizonte Cubano


    En los últimos días, declaraciones de funcionarios del régimen cubano han vuelto a poner sobre la mesa un tema que durante décadas ha sido uno de los puntos más sensibles en la relación entre Cuba y Estados Unidos: las compensaciones por las propiedades confiscadas tras la Revolución de 1959.


    El planteamiento, en apariencia técnico y económico, es en realidad profundamente político.
    Porque no se trata solo de dinero.
    Se trata de poder.


    Durante años, el régimen cubano rechazó cualquier posibilidad de compensación directa. Hoy, sin embargo, comienza a enviar señales distintas. No porque haya cambiado su naturaleza, sino porque enfrenta una realidad económica insostenible que lo obliga a explorar nuevas vías de alivio.


    Pero hay una condición clara, reiterada en el discurso oficial:
    no habrá cambio de régimen.


    Y ahí es donde se revela la verdadera intención.


    El gobierno cubano intenta reposicionar el conflicto histórico con Estados Unidos como un problema estrictamente económico, reducible a cifras, negociaciones y acuerdos financieros. Bajo esa lógica, si se logra un entendimiento sobre compensaciones, se abriría la puerta a una relajación de sanciones y a un eventual flujo de inversiones.


    Sin embargo, esa narrativa omite un elemento esencial:


    El embargo no es únicamente consecuencia de las expropiaciones, sino también de la ausencia persistente de libertades políticas, elecciones libres y garantías democráticas en la isla.


    Pretender resolver un problema político con una solución económica no solo es insuficiente, sino peligroso.


    Porque implica legitimar un sistema sin exigirle transformación.


    El régimen cubano no está proponiendo una transición.


    Está proponiendo una transacción.


    Busca convertir una deuda económica en moneda de cambio para evitar enfrentar su deuda política con el pueblo cubano. Una deuda mucho más profunda, acumulada durante más de seis décadas de control absoluto, represión y falta de derechos fundamentales.


    Aceptar ese enfoque sería un error estratégico para Estados Unidos y para la comunidad internacional.


    Cualquier proceso serio de normalización debe incluir no solo compensaciones económicas, sino compromisos verificables hacia la apertura política, el respeto a los derechos humanos y la construcción de instituciones democráticas.


    De lo contrario, se correría el riesgo de fortalecer al mismo sistema que ha generado la crisis.


    Cuba necesita inversión.
    Pero necesita aún más libertad.


    Y ninguna cantidad de dinero puede sustituir lo que el pueblo cubano lleva demasiado tiempo esperando.

    Pastor Herrera Macuran
    Horizonte Cubano
    “Orden, verdad y futuro para Cuba y nuestra comunidad.”

  • Sin luz, sin dinero y sin confianza: el verdadero problema de Cuba

    Cuba atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente, y ya no es posible ocultarlo detrás de discursos políticos o justificaciones repetidas.


    Mientras la prensa oficial habla de “averías”, “mantenimiento” y “limitaciones temporales”, la realidad en la isla es otra: apagones prolongados, incertidumbre diaria y una población que vive al límite.


    El problema no es técnico.
    El problema es estructural.


    El sistema eléctrico cubano no está fallando por un evento puntual, sino por décadas de abandono, mala gestión y un modelo económico incapaz de sostener siquiera los servicios básicos.


    Pero la crisis no termina ahí.


    Al mismo tiempo que el país se queda sin luz, el propio régimen reconoce —aunque sin decirlo abiertamente— que necesita dinero. Y no cualquier dinero: necesita dólares.


    Por eso, en medio de la crisis, comienzan a enviar señales al exterior, especialmente al exilio cubano, insinuando oportunidades de inversión o participación económica.


    Sin embargo, aquí aparece la gran contradicción:

    El régimen necesita al exilio, pero no confía en él.

    Y el exilio, con razón, tampoco confía en el régimen.


    La historia pesa.
    Los antecedentes están claros.


    Desde las experiencias de los años 90 hasta las políticas más recientes, muchos cubanos recuerdan cómo se incentivó la iniciativa privada solo para luego limitarla, controlarla o, en algunos casos, desmantelarla.


    Invertir en Cuba hoy no es solo una decisión económica.
    Es un riesgo político.


    A esto se suma otro elemento clave: la narrativa oficial.


    Funcionarios del gobierno insisten en que la crisis es consecuencia directa de las políticas de Estados Unidos, y llegan incluso a afirmar que si los cubanos en el exterior no viajan a la isla, no es por decisión propia, sino por restricciones externas.


    Pero esa narrativa ignora una verdad evidente:


    El principal problema de Cuba no es externo.
    Es interno.


    La falta de confianza, la ausencia de garantías jurídicas y el control absoluto del poder por parte del Estado han creado un entorno donde ni los ciudadanos ni los inversionistas —dentro o fuera del país— se sienten seguros.


    Hoy, Cuba enfrenta una triple crisis:

    Una crisis energética que deja al país a oscuras

    Una crisis económica que limita cualquier posibilidad de crecimiento

    Y una crisis de confianza que bloquea cualquier solución real


    Sin confianza, no hay inversión.
    Sin inversión, no hay crecimiento.
    Y sin crecimiento, no hay estabilidad.


    El régimen puede seguir buscando explicaciones fuera de sus fronteras, pero la solución no está en Washington.


    La solución comienza dentro de Cuba.


    Y pasa, inevitablemente, por algo que hasta ahora no ha estado dispuesto a ofrecer:cambios reales, garantías claras y apertura verdadera.

    Hasta que eso no ocurra, el país seguirá atrapado en el mismo ciclo:

    sin luz, sin dinero… y sin futuro claro.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano.

  • La prensa cubana: entre la batalla oficial y la necesidad de pluralidad

    El mensaje del presidente cubano en el Día de la Prensa vuelve a abrir el debate sobre el papel real de los medios en el país.

    En ocasión del Día de la Prensa Cubana, el presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que la prensa del país “no está detenida, está batallando, está innovando”, y llamó a los medios a mantenerse en la “primera trinchera” informando sobre la realidad nacional.

    La declaración, difundida por medios oficiales como Juventud Rebelde, refleja la visión del gobierno sobre el papel de los medios de comunicación en Cuba: una prensa que acompaña el proyecto político del Estado y defiende sus posiciones frente a las críticas internas y externas.

    Sin embargo, esa visión también reabre un debate más profundo sobre el futuro del periodismo cubano.

    Durante décadas, los medios en la isla han estado vinculados directamente al sistema político dirigido por el Partido Comunista de Cuba, lo que ha limitado la existencia de un espacio informativo plural donde puedan coexistir diferentes visiones sobre la realidad nacional.

    En ese contexto, el concepto de “batalla comunicacional” que suele utilizar el discurso oficial ha colocado a los periodistas dentro de una lógica política donde informar y defender al sistema aparecen muchas veces como tareas inseparables.

    Pero el periodismo moderno enfrenta desafíos distintos.

    En la era digital, los ciudadanos tienen acceso a múltiples fuentes de información, tanto dentro como fuera del país. Esto ha cambiado profundamente la manera en que las sociedades consumen noticias y participan en el debate público.

    Hoy, el reto para el periodismo cubano no es solo “batallar”, sino también construir credibilidad, transparencia y diversidad informativa.

    La existencia de nuevos espacios de análisis y opinión —muchos de ellos creados por cubanos dentro y fuera de la isla— refleja precisamente esa transformación del ecosistema mediático.

    En ese escenario, el debate sobre el papel de la prensa en Cuba seguirá siendo inevitable.

    Porque más allá de consignas o celebraciones institucionales, el verdadero futuro del periodismo cubano dependerá de su capacidad para reflejar la complejidad de la sociedad y abrir espacios a una conversación nacional más amplia.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

  • Difundir la verdad de Cuba: un desafío para toda la prensa

    El llamado del presidente a los medios vuelve a abrir el debate sobre el papel del periodismo cubano dentro y fuera de la isla.

    Durante un encuentro con profesionales de la prensa, el presidente Miguel Díaz-Canel destacó la importancia del trabajo periodístico en tiempos difíciles y afirmó que los medios deben contribuir a difundir “la verdad de Cuba” ante el mundo.

    Las declaraciones, recogidas por medios oficiales como Juventud Rebelde, forman parte del discurso habitual sobre el papel de la prensa dentro del sistema político del país.

    Según esa visión, los medios de comunicación cumplen una función estratégica: explicar la realidad nacional desde la perspectiva del proyecto político que gobierna el país desde hace décadas.

    Sin embargo, en la era digital el debate sobre la “verdad” se ha vuelto más complejo.

    Hoy los ciudadanos de Cuba tienen acceso a una diversidad de fuentes informativas que van desde medios estatales hasta plataformas digitales creadas dentro y fuera del país. Este nuevo escenario ha ampliado el espacio para el análisis, la crítica y el intercambio de ideas sobre la realidad cubana.

    En ese contexto, el periodismo enfrenta un reto fundamental: construir credibilidad.

    Difundir la verdad de un país no significa únicamente repetir una versión oficial de los acontecimientos. También implica investigar, contrastar información, escuchar diversas voces y ofrecer a los ciudadanos una visión completa de los desafíos que enfrenta la sociedad.

    Por eso, el debate sobre la prensa cubana no puede limitarse a una sola interpretación del periodismo.

    El futuro informativo de Cuba probablemente estará marcado por la coexistencia de distintos espacios mediáticos: medios estatales, proyectos independientes y plataformas digitales creadas por cubanos dentro y fuera de la isla.

    En ese escenario, lo verdaderamente importante será la capacidad de los periodistas para ofrecer información rigurosa y análisis que ayuden a comprender la complejidad del país.

    Porque al final, difundir la verdad de Cuba no es solo una tarea de una institución o de un gobierno.

    Es una responsabilidad que pertenece a todos los que creen en el valor del periodismo.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

  • El Tratado de Extradición entre Cuba y Estados Unidos: un acuerdo vigente pero congelado por la política


    A comienzos del siglo XX, cuando la joven República de Cuba comenzaba a construir sus instituciones tras la independencia, La Habana y Washington firmaron una serie de acuerdos para organizar su relación jurídica y diplomática. Entre ellos se encontraba el Tratado de Extradición firmado el 6 de abril de 1904 entre Cuba y los Estados Unidos.


    El objetivo del acuerdo era claro: establecer un mecanismo legal para que los criminales no pudieran evadir la justicia simplemente cruzando el estrecho de la Florida.


    Más de un siglo después, el tratado sigue existiendo jurídicamente. Sin embargo, la cooperación real que buscaba garantizar se encuentra prácticamente paralizada desde hace décadas.


    Un instrumento de cooperación judicial


    El tratado de 1904 establecía un principio fundamental del derecho internacional: los Estados pueden solicitar la entrega de una persona acusada o condenada por delitos graves que se encuentre en el territorio del otro país.


    Entre los delitos incluidos en el acuerdo se encontraban:


    -asesinato y homicidio


    -intento de asesinato


    -secuestro


    -violación


    -falsificación y fraude


    -robo con violencia


    -piratería


    -malversación de fondos públicos


    Para que una extradición fuera posible debía cumplirse un principio esencial: el delito debía ser considerado crimen en ambos países, lo que en derecho se conoce como doble incriminación.


    El tratado también incluía una cláusula clásica en este tipo de acuerdos: la no extradición por delitos políticos, diseñada para evitar persecuciones de carácter político disfrazadas de procesos judiciales.


    El impacto de la ruptura política después de 1959


    Durante la primera mitad del siglo XX el tratado funcionó con relativa normalidad. Sin embargo, el escenario cambió radicalmente después de la llegada al poder de Fidel Castro en 1959.


    La ruptura política entre La Habana y Washington congeló casi todos los mecanismos de cooperación judicial entre ambos países. Desde entonces, aunque el tratado nunca ha sido formalmente denunciado por ninguna de las partes, su aplicación práctica es prácticamente inexistente.


    Esto ha generado una situación curiosa desde el punto de vista jurídico: el tratado sigue siendo válido en términos formales, pero permanece inactivo debido a la ausencia de cooperación política entre los gobiernos.


    Una pieza olvidada de la arquitectura jurídica bilateral


    El tratado de extradición de 1904 forma parte de un conjunto más amplio de acuerdos que definieron la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX.


    Uno de los más conocidos es el Tratado de Relaciones Cuba–Estados Unidos de 1934, que reorganizó varios aspectos de esa relación y confirmó compromisos jurídicos previos.


    Estos acuerdos demuestran que, incluso en medio de las tensiones políticas actuales, existe una historia de cooperación jurídica que durante décadas permitió a ambos países colaborar en temas de justicia y seguridad.


    Una pregunta abierta para el futuro


    El tratado de extradición de 1904 plantea hoy una cuestión interesante: ¿podrían estos instrumentos jurídicos históricos servir algún día como base para reconstruir mecanismos de cooperación entre ambos países?


    En un escenario de normalización futura o de transición política en Cuba, acuerdos como este podrían recuperar relevancia como parte de la arquitectura legal que alguna vez reguló las relaciones entre La Habana y Washington.


    Por ahora, el tratado permanece como un recordatorio de una etapa en la que ambos países, pese a sus diferencias, reconocían la importancia de la cooperación judicial para combatir el crimen.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

  • Apagones, tensión política y crisis económica: lo que revela la prensa oficial cubana


    Mientras el gobierno intenta transmitir una imagen de control y resistencia, las propias informaciones que aparecen en la prensa oficial de Cuba muestran una realidad mucho más compleja: una economía en crisis, un sistema eléctrico frágil y un clima político cada vez más tenso.


    En los últimos días, medios oficiales como Granma y Cubadebate han publicado reportes sobre la situación energética del país, confirmando lo que millones de cubanos experimentan diariamente: apagones prolongados y un sistema eléctrico al límite.


    Un sistema eléctrico al borde del colapso


    La crisis energética continúa siendo uno de los principales problemas del país. La infraestructura eléctrica de Cuba, en gran parte construida hace décadas, sufre constantes fallas técnicas, falta de mantenimiento y escasez de combustible.


    En varios momentos recientes, el sistema eléctrico nacional ha estado cerca del colapso total, con apagones extendidos en numerosas provincias.

    Las autoridades han reconocido déficits de generación eléctrica y dificultades para garantizar el suministro de combustible para las plantas termoeléctricas.


    Para millones de familias cubanas, esto se traduce en largas horas sin electricidad, afectando desde la conservación de alimentos hasta el funcionamiento de hospitales, transporte y servicios básicos.


    El discurso político de resistencia


    Paralelamente a la crisis económica, el gobierno ha intensificado su discurso político. El presidente Miguel Díaz‑Canel ha reiterado en diversas intervenciones que Cuba resistirá la presión externa y cualquier intento de desestabilización.


    En la narrativa oficial, muchos de los problemas económicos del país son atribuidos al embargo estadounidense y a las dificultades para acceder a financiamiento internacional. Sin embargo, dentro y fuera de la isla crece el debate sobre el impacto de los errores estructurales del propio modelo económico.


    Una economía con señales de agotamiento


    Los reportes publicados por funcionarios del área económica también reflejan la gravedad de la situación.


    El país enfrenta escasez de divisas, dificultades para importar alimentos y combustible, y un deterioro sostenido del poder adquisitivo de la población. La inflación y la dualidad monetaria informal —con el dólar circulando ampliamente en la economía— son señales de una economía que funciona cada vez más fuera de los mecanismos oficiales.


    En este contexto, el propio gobierno ha comenzado a explorar nuevas fórmulas económicas, incluyendo la posibilidad de atraer inversiones de cubanos residentes en el exterior.


    Entre el discurso oficial y la realidad cotidiana


    Lo más llamativo es que muchas de estas señales no provienen de medios independientes, sino de la propia prensa estatal.


    Cuando se analizan cuidadosamente las noticias oficiales, se puede observar un país que enfrenta profundas dificultades económicas y sociales, incluso cuando el discurso político insiste en proyectar fortaleza y resistencia.


    Para muchos cubanos, la pregunta ya no es si el modelo económico necesita cambios, sino cuándo y cómo se producirán esas transformaciones.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano.

  • Mi propuesta para enfrentar la crisis migratoria en Estados Unidos Orden, estabilidad y reglas claras


    Durante años, el debate migratorio en Estados Unidos ha estado atrapado entre posiciones extremas. Por un lado, algunos sectores proponen amnistías masivas sin reformas estructurales. Por otro, hay quienes prometen deportaciones generalizadas que en la práctica son difíciles de ejecutar y no resuelven el problema de fondo.


    El resultado ha sido un sistema migratorio cada vez más desordenado, con millones de personas viviendo y trabajando en el país sin un estatus legal claro.


    Como candidato al Congreso por el Distrito 28 de Florida, considero que Estados Unidos necesita una política diferente: orden, estabilidad y reglas claras.


    Por esa razón he propuesto la Ley de Orden y Estabilidad Migratoria, una iniciativa que busca enfrentar la crisis migratoria con realismo, responsabilidad y respeto al estado de derecho.


    Los pilares de la propuesta .


    La propuesta se basa en varios principios fundamentales.


    Regularización temporal sin amnistía


    Las personas que ya viven y trabajan en el país podrían solicitar un permiso temporal de dos años. Este programa permitiría registrar a millones de personas que actualmente se encuentran fuera del sistema legal y daría al gobierno la capacidad de conocer quién está viviendo y trabajando dentro del país.


    Transición ordenada hacia estatus legal


    Durante ese período, quienes cumplan con requisitos claros como trabajo, pago de impuestos y ausencia de antecedentes criminales podrían optar posteriormente por vías legales hacia la residencia permanente.


    Reforma del sistema de asilo


    El sistema de asilo necesita un proceso inicial más rápido para determinar quién tiene un caso legítimo. Solo después de superar ese filtro inicial se otorgaría permiso de trabajo, lo que ayudaría a reducir el abuso del sistema.


    Sistema de visas laborales basado en necesidades económicas


    Estados Unidos necesita trabajadores en múltiples sectores de la economía.

    La ley propone crear un sistema flexible de visas laborales que responda a las necesidades reales del mercado laboral y permita cubrir vacantes que hoy afectan la productividad del país.


    Responsabilidad para empleadores y control migratorio efectivo


    Las empresas que empleen trabajadores deberán cumplir reglas claras de verificación laboral. Al mismo tiempo, se fortalecerían los mecanismos para impedir nuevas entradas ilegales después de la implementación de la reforma.


    Una solución realista


    Estados Unidos es una nación construida por inmigrantes, pero también es un país de leyes. Ignorar cualquiera de estas dos realidades solo prolonga la crisis.


    La Ley de Orden y Estabilidad Migratoria busca equilibrar esos principios: regularizar lo que ya existe, ordenar el sistema y evitar que el problema continúe creciendo en el futuro.


    No se trata de promesas fáciles ni de slogans políticos. Se trata de proponer soluciones concretas para uno de los desafíos más complejos que enfrenta el país.


    El debate migratorio necesita menos gritos y más ideas.
    Esta es una de ellas.


    Pastor Herrera Macuran
    Candidato al Congreso de los Estados Unidos
    Distrito 28, Florida

  • La crisis migratoria en Estados Unidos exige orden, no improvisación


    La crisis migratoria que enfrenta Estados Unidos no es solo un problema de fronteras. Es, ante todo, el resultado de años de improvisación política, promesas vacías y un sistema legal que ha quedado atrapado entre la presión humanitaria y la incapacidad del Congreso para tomar decisiones claras.


    Mientras algunos sectores hablan de amnistía total y otros prometen deportaciones masivas, la realidad es que ninguna de esas posiciones por sí sola resuelve el problema.


    Estados Unidos necesita algo diferente: orden, estabilidad y reglas claras.


    Hoy existen millones de personas viviendo y trabajando en el país sin un estatus migratorio definido. Muchos llevan años contribuyendo a la economía, pagando impuestos indirectos y formando familias, pero permanecen atrapados en un sistema que no ofrece soluciones realistas.


    Al mismo tiempo, el país necesita recuperar el control de su sistema migratorio, proteger el mercado laboral y garantizar que la ley se respete.


    Por esa razón he desarrollado una propuesta que busca enfrentar esta realidad sin recurrir a amnistías generales ni a políticas que ignoren la complejidad del problema.


    La idea central es simple: regularizar el sistema sin premiar la ilegalidad.


    La propuesta combina varios elementos:


    Un mecanismo de regularización temporal sin amnistía para personas que ya están dentro del país.


    Un sistema de visas laborales basado en las necesidades reales de la economía estadounidense.


    Procesos de deportación más rápidos, pero con debido proceso.


    Reformas al sistema de asilo para evitar abusos sin cerrar la puerta a quienes realmente necesitan protección.


    Responsabilidad legal para empleadores que exploten o utilicen mano de obra ilegal.


    Este enfoque busca algo que hoy parece imposible en Washington: equilibrio entre ley, economía y humanidad.


    Estados Unidos ha sido históricamente una nación de inmigrantes, pero también una nación de leyes. Cuando el sistema pierde ese equilibrio, el resultado es exactamente lo que vemos hoy: caos en la frontera, incertidumbre para millones de personas y un debate político paralizado.


    El país necesita una reforma seria, no eslóganes políticos.


    Por esa razón, mañana presentaré públicamente los detalles completos de mi propuesta legislativa titulada:


    Ley de Orden y Estabilidad Migratoria”.


    Será un proyecto que, hasta ahora, pocos en Washington se han atrevido a plantear con claridad.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano .

  • Cuba no es Vietnam: los límites culturales y políticos de copiar ese modelo.


    En los últimos meses, dentro del gobierno cubano ha comenzado a circular con mayor frecuencia una comparación: Vietnam. Algunos funcionarios sugieren que la isla podría seguir un camino similar al que permitió a ese país asiático abrir su economía sin abandonar el control político del Partido Comunista.


    La referencia no es casual. Desde finales de los años ochenta, Vietnam implementó una serie de reformas económicas conocidas como Đổi Mới, que permitieron introducir inversión extranjera, estimular el sector privado y transformar su economía centralizada en un sistema más abierto al mercado.


    Sin embargo, intentar trasladar ese modelo a Cuba ignora diferencias profundas entre ambos países.


    Dos contextos históricos muy distintos
    Vietnam inició sus reformas después de décadas de guerra devastadora, con una población dispuesta a aceptar cambios económicos profundos para reconstruir el país. Además, el gobierno vietnamita permitió un crecimiento relativamente rápido del sector privado y fomentó activamente las exportaciones industriales.


    Cuba enfrenta una situación diferente.

    La economía de la isla ha sufrido una profunda contracción en los últimos años, con escasez de alimentos, energía y divisas. Pero a diferencia de Vietnam, las autoridades cubanas han mostrado históricamente una gran resistencia a permitir un sector privado amplio y autónomo.


    El resultado es una economía mucho más rígida y con menor capacidad para adaptarse a las dinámicas del mercado global.


    Cultura económica y sociedad


    Otro elemento clave es la cultura económica. Vietnam cuenta con una larga tradición comercial en Asia y una fuerte integración regional con economías dinámicas como China, Corea del Sur y el sudeste asiático.
    Cuba, en cambio, depende en gran medida de importaciones y de fuentes externas de divisas como el turismo, las remesas y algunos servicios profesionales.


    Incluso si el gobierno cubano decidiera abrir parcialmente la economía, el país carece hoy de la infraestructura industrial y logística que permitió a Vietnam convertirse en una potencia exportadora.


    El factor político


    Las reformas vietnamitas fueron implementadas de manera pragmática por el Partido Comunista de Vietnam, que permitió una expansión significativa de la actividad privada mientras mantenía el control político.


    En Cuba, el Partido Comunista de Cuba enfrenta un dilema más complejo. Abrir realmente la economía podría generar cambios sociales y políticos difíciles de controlar, especialmente en un país donde millones de ciudadanos viven en el exterior y mantienen fuertes vínculos económicos con la isla.


    El papel del exilio


    Uno de los factores que más preocupa al régimen cubano es el posible impacto económico y político del capital proveniente del exterior.


    Permitir inversiones amplias de cubanos residentes fuera del país podría traer recursos frescos a la economía, pero también introducir nuevas dinámicas económicas y sociales que debiliten el control centralizado del Estado.


    Ese temor explica por qué las reformas económicas en Cuba suelen avanzar lentamente y con fuertes restricciones.


    Un modelo difícil de replicar


    Comparar a Cuba con Vietnam puede resultar atractivo desde el punto de vista político, pero las realidades históricas, económicas y sociales de ambos países son muy diferentes.


    Vietnam logró transformar su economía gracias a reformas profundas, apertura a la inversión extranjera y una fuerte integración en las cadenas globales de producción.


    Para Cuba, intentar replicar ese modelo sin cambios estructurales reales podría terminar siendo más un ejercicio retórico que una estrategia económica viable.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano.

  • La Habana busca el dinero del exilio: la nueva apertura económica que revela divisiones dentro del régimen

    El gobierno de Miguel Díaz‑Canel vuelve a mirar hacia el exterior en busca de recursos financieros. En medio de una crisis económica profunda, autoridades cubanas han comenzado a insinuar nuevas medidas destinadas a facilitar inversiones o participación económica de cubanos residentes fuera de la isla.


    La iniciativa, presentada como parte de una estrategia para atraer capital, revela en realidad la gravedad de la situación económica del país y las tensiones internas dentro del propio sistema político cubano.


    Una economía al límite


    Cuba enfrenta actualmente una combinación de factores que han llevado su economía a uno de los momentos más difíciles desde los años noventa:


    escasez persistente de alimentos


    inflación elevada


    caída del valor del peso cubano


    deterioro del sistema energético


    reducción de ingresos por turismo


    Ante este panorama, el gobierno busca nuevas fuentes de financiamiento. Una de las pocas disponibles es el dinero que proviene de la diáspora cubana, especialmente desde Estados Unidos.


    El dilema político del régimen


    Sin embargo, abrir espacios económicos al capital del exilio representa un dilema político para el poder en La Habana.


    Durante décadas, el discurso oficial presentó al exilio como adversario político. Permitir ahora que ese mismo exilio invierta o participe en sectores de la economía implica reconocer, aunque sea indirectamente, la importancia económica de esa comunidad.


    Dentro del propio aparato estatal existen visiones distintas sobre hasta dónde debe llegar esta apertura.

    Algunos sectores consideran inevitable una mayor liberalización económica, mientras otros temen que el flujo de capital desde el exterior pueda traer consigo presiones políticas difíciles de controlar.


    Los dólares que el sistema necesita


    En términos prácticos, la economía cubana necesita divisas con urgencia.

    El dólar estadounidense ya circula de manera informal en amplios sectores de la economía y, en muchos casos, se ha convertido en la referencia real para fijar precios.


    Si las nuevas medidas se concretan, podrían profundizar esa dolarización parcial de la economía, algo que el propio sistema político ha intentado evitar durante años.


    Más que una reforma económica


    Más allá de los detalles técnicos de cualquier medida futura, el mensaje principal es claro: el modelo económico actual enfrenta límites estructurales.


    El intento de atraer capital del exterior refleja no solo una necesidad financiera inmediata, sino también las tensiones entre la preservación del control político y la urgencia de reformas económicas más profundas.


    Para muchos observadores, la pregunta central no es si Cuba necesita inversión externa, sino si el sistema político está dispuesto a aceptar las transformaciones que inevitablemente acompañan a ese proceso.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano

  • El tratado de extradición entre Cuba y Estados Unidos: una relación jurídica que aún existe.



    Durante más de un siglo, las relaciones jurídicas entre Cuba y Estados Unidos han estado definidas por una serie de acuerdos bilaterales que continúan teniendo relevancia incluso en medio de profundas tensiones políticas. Uno de los más importantes es el Tratado de Extradición firmado en 1904, un instrumento legal que todavía forma parte del marco jurídico entre ambos países.


    Este tratado fue firmado durante los primeros años de la República de Cuba, cuando ambos Estados buscaban establecer reglas claras para la cooperación judicial y la persecución de criminales que escaparan de un país al otro.


    ¿Qué establece el tratado?


    El acuerdo de 1904 establece que ambos países se comprometen a entregar a personas acusadas o condenadas por determinados delitos graves que huyan al territorio del otro Estado.


    Entre los delitos contemplados se incluyen:


    Asesinato
    Homicidio
    Violación
    Secuestro
    Falsificación
    Robo con violencia
    Incendio intencional
    Fraude grave


    El principio central es sencillo: ningún país debe convertirse en refugio para criminales perseguidos por la justicia del otro.


    Limitaciones importantes del tratado


    Sin embargo, el tratado también establece excepciones importantes, entre ellas:

    Protección contra persecución


    También se prohíbe la extradición si existen indicios de que la persona podría ser perseguida por motivos políticos, religiosos o ideológicos.


    Un tratado vigente pero prácticamente congelado


    Aunque el tratado nunca ha sido formalmente cancelado, en la práctica su aplicación se volvió extremadamente limitada después de la revolución cubana de 1959.


    Desde entonces:


    La cooperación judicial entre ambos países se ha reducido drásticamente.
    Muchos casos de fugitivos se han convertido en disputas políticas.
    Cada gobierno ha acusado al otro de proteger a personas buscadas por la justicia.


    Durante décadas, Washington ha solicitado la entrega de fugitivos refugiados en Cuba, mientras que La Habana también ha hecho reclamaciones similares contra individuos que residen en Estados Unidos.


    Sin embargo, la falta de relaciones judiciales normales entre ambos países ha impedido la aplicación efectiva del tratado.


    La paradoja jurídica


    Lo más interesante desde el punto de vista legal es que el tratado no ha sido derogado.


    Esto significa que, técnicamente:
    El acuerdo sigue siendo válido bajo el derecho internacional.


    Forma parte del conjunto de instrumentos jurídicos bilaterales existentes.


    Su aplicación podría reactivarse si existiera cooperación judicial entre ambos gobiernos.


    Este hecho refleja una realidad poco discutida: la relación jurídica entre Cuba y Estados Unidos nunca desapareció completamente, incluso cuando la relación política se deterioró profundamente.


    Más allá de la política


    El Tratado de Extradición de 1904 demuestra que, a pesar de las tensiones ideológicas y geopolíticas, existen estructuras legales históricas que siguen conectando a ambos países.


    En un futuro escenario de normalización o transición política en la isla, estos instrumentos jurídicos podrían volver a jugar un papel importante en la cooperación entre los dos sistemas judiciales.


    Comprender estos acuerdos no es solo un ejercicio histórico.


    También es una forma de entender cómo el derecho internacional puede preservar puentes legales entre Estados incluso cuando la política los separa.

    Delitos políticos


    Uno de los puntos más relevantes es que no se concederá extradición por delitos considerados políticos.


    Esta cláusula ha sido históricamente controversial porque permite que algunos acusados argumenten que sus acciones fueron motivadas por razones políticas.

    Horizonte Cubano

    Pastor Herrera Macuran




  • Protesta en Morón termina con detenidos tras reclamos por apagones y escasez

    Official government building facade, Che Guevara face in a metal outline. The famous place is a tourist attraction in the Caribbean Island. It is located right in the Revolution Square.

    Una protesta registrada durante la madrugada en la ciudad de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, terminó con varias detenciones luego de que un grupo de ciudadanos saliera a las calles para reclamar por los apagones y la escasez de alimentos.


    Según información difundida por la Agencia Cubana de Noticias, fuerzas del Ministerio del Interior de Cuba investigan los hechos ocurridos durante la noche, cuando residentes del consejo popular El Vaquerito se movilizaron por diferentes calles de la ciudad.


    De acuerdo con el reporte oficial, la manifestación comenzó de manera pacífica y en un primer momento se produjo un intercambio entre los participantes y autoridades locales. Sin embargo, posteriormente un grupo reducido de personas protagonizó incidentes frente a la sede municipal del Partido Comunista de Cuba.


    Las autoridades informaron que la entrada del edificio fue apedreada y que muebles de la recepción fueron sacados a la vía pública y quemados.

    También se reportaron daños en otros establecimientos cercanos, entre ellos una farmacia y un punto de venta de la cadena estatal Tiendas Caribe.


    Hasta el momento, cinco personas han sido detenidas en relación con los incidentes, mientras que otra fue atendida en el hospital tras sufrir una caída mientras se encontraba en estado de embriaguez.


    Una protesta vinculada a la crisis energética


    Aunque la nota oficial describe los hechos como actos vandálicos, el propio reporte reconoce que las protestas estuvieron motivadas principalmente por el deterioro de la situación económica y social que atraviesa el país.


    En los últimos meses, los prolongados apagones, la escasez de alimentos y las dificultades para acceder a productos básicos han generado creciente malestar en diferentes regiones de la isla.


    Las autoridades cubanas no han ofrecido hasta ahora más detalles sobre el proceso investigativo ni sobre posibles cargos contra los detenidos.


    La situación en Morón refleja las tensiones que continúan acumulándose en el país en medio de una de las crisis económicas más profundas de las últimas décadas.

    Pastor Herrera Macuran

    Horizonte Cubano News